¡Tenemos derecho a la ciudad!*

Por el Arq. Gerardo Dayub – No hay cosa más difícil que hacer entender a otro, lo que no  tiene por entendido. Esta nota se propone el arduo trabajo de intentarlo. El espacio público tiene dimensiones urbanísticas y políticas: la primera, como factor ordenador estructural, determina el entorno, la calidad ambiental, la imagen, la accesibilidad, el potencial atractivo, la movilidad, los espacios de ocio e intercambio, los espacios de transición entre el espacio público y el privado, etc. En la segunda, el espacio público es el marco en el que se expresan las aspiraciones o reivindicaciones colectivas, las celebraciones populares, las protestas sociales, las manifestaciones políticas.

Los grandes cambios políticos se expresan en los espacios públicos más significantes. Por lo cual los poderes políticos pretenden siempre ejercer un gran control sobre los espacios públicos, muy visible en los regímenes autoritarios, pero también, para colmo, se ejerce en los pretendidos estados democráticos. Esto molesta, duele y ofende; y en ese orden. La arquitectura no es mera construcción. Ese carácter le atribuye un plus o un valor a la ciudad: valor cultural, patrimonial, de uso, de significación, de disfrute, de participación, etc. Digo esto por la desagradable noticia de que, la remodelación de la Plaza Mansilla, supone dejar de lado el proyecto ganador, que por concurso se realizó en el año 2012, organizado entre el Gobierno Provincial y el Colegio de Arquitectos.

 

La Plaza Mansilla, emplazada en un lugar jerárquico de nuestra ciudad, es un espacio abandonado y putrefacto hasta el agobio desde hace más de cuarenta años. Hay que saber que los espacios públicos también se enferman, se pudren y hasta mueren. Pero es de buen ciudadano, antes de que muera, salvarlo, y así se hizo intentando con la terapia del concurso reanimarlo y dejarlo en las mejores manos con que se pueda curarlo y traerlo a la vida colectiva. Coincido con el Ministro de Planeamiento, el ingeniero Luis Benedetto, que dijo, en una oportunidad y en otro contexto, que la comunidad debe participar a través de las instituciones: «todos seamos inspectores, que todos controlemos las cosas, la función nuestra es entre todos, tratar de hacer mejor las cosas…”

 

La participación de la sociedad se puede hacer de muchas maneras, el concurso de propuestas para la recuperación de la Plaza Mansilla, es una forma democrática en la que los ciudadanos pueden participar y contribuir a la construcción del espacio público. Es un encuentro entre gobierno y ciudadanía, profesionales e instituciones de ámbitos competentes, como pueden serlo, también, de ámbitos diversos, sean de las ciencias sociales, de la salud, educativas o de otras disciplinas que intervienen sobre la ciudad. La apropiación del diseño de los espacios urbanos, habiendo un proceso de participación ciudadana previo, mediante concurso e intentar desconocerlo, degradan el ejercicio de la ciudadanía.

 

Es serial la mediocre intervención en las áreas urbanas, con la consecuente pérdida de espacios públicos y oportunidad de brindar calidad, excelencia e identidad a los espacios significativos que son de todos y merece el aporte de todos. La suposición de no respetar un concurso como modo de participación profesional ciudadana, es un caro déficit de ciudadanía.

 

Los conceptos de la “cultura ciudadana” de tradición democrática, muy presentes en el discurso de políticos y profesionales, pero de difícil y con frecuencia muy discutible cuando se llevan a la práctica con efectos negativos, como en el caso del espacio mencionado donde pareciera que se pretende ignorar el concurso con absoluta indiferencia, pone en duda la convicción de hacer definitivamente bien las cosas. Democráticamente si así fuera, sería un hecho muy desagradable y repudio públicamente la evidente ignorancia de quienes deseen promover pasar por alto una instancia de participación. Justamente cuando recuperar el diálogo como mecanismo de involucramiento y participación, es loable, es  desalentador cuando puede ser sustituido por un vulgar  “doblaje” para que la apariencia de verdad siga siendo la falsedad.

 

“El test de la ciudad democrática es el espacio público”, dice Jordi Borja. El ejemplo más paradigmático es la transformación de la costanera de nuestra ciudad. En los inicios, la obra de ingeniería de contención de la costanera, no incluía el diseño arquitectónico del espacio público resultante. La movilización de los profesionales y el Colegio de Arquitectos, más el oído atento de la autoridad local por ese entonces, de comprender el justo reclamo ciudadano, posibilitó el concurso integral del espacio público por excelencia de la nuestra ciudad y por eso hoy tenemos ese espacio convertido en lugar de significación que representa la costanera. Habrá opiniones a favor y/o en contra, pero de algo estoy seguro: es lo mejor que se pudo hacer desde los ciudadanos, desde un a instancia participativa en la construcción de lo público, con aspiraciones de mejorar la calidad de los espacios, para el bienestar, el goce y no el sufrimiento de los ciudadanos.

 

El espacio público es un entorno vital, que no sólo se lo vive con el cuerpo, sino con el intercambio de emociones y corporalidad. Porque eso es lo público: nosotros somos el espacio, es la práctica física y emocional de ser uno y muchos a la vez. El ciudadano se hace y se logra ejerciendo sus derechos en el espacio público, conquistándolos, tanto,frente a los poderes políticos que los consideran propios, como frente a los poderes económicos que los consideran un medio de acumulación de capital.

 

Por eso grito desde este espacio público y esta letra pequeñita: ¡¡¡¡tenemos derecho a la ciudad!!! Exijo respeto a la participación ciudadana con decisión. Y no darle oportunidad al merecido ganador del concurso, es la negación de un derecho ciudadano, conquistado con absoluta honestidad profesional e intelectual. Sabiendo que expreso una posición insurgente y también, que no será tenida en cuenta, anhelo testimoniar mi profundo repudio a la “serialización” de manipular la naturaleza democrática de la participación y mi total solidaridad con los autores del proyecto ganador.

* La nota fue publicada por El Diario de Paraná

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